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Hace unos meses escribí sobre "La burbuja del emprendimiento" http://cincodias.com/cincodias/2013/06/11/economia/1370965997_143268.html . Unos amigos han puesto un restaurante y se sintieron profundamente desanimados respecto a su emprendimiento tras leer mi artículo.

Nada más lejos de mi intención al escribirlo que desanimar a emprendedores o emprendedoras. Todo lo contrario, pretendía evitar fracasos al emprender por emprender, lanzarse a la aventura sin equipo ni preparación, orientar sobre las cosas que había que hacer y, a posteriori, que es lo fácil, definir características de los emprendimientos con más exito y mayor valor añadido.

Sirva el ejemplo del restaurante de mis amigos para reflexionar sobre las características que describí en su dia e intentar aplicarlas a un emprendimiento cualquiera.

Un restaurante de comida casera no es una empresa de base tecnológica. Sin embargo, la intensidad de tecnología que se aplica en la compra, conservación de los alimentos, cocinado e incluso gestión administrativa y publicidad no es nada desdeñable. Contar con tecnologías competitivas innovadoras y bien integradas es, sin duda, necesario para el éxito, e incluso para cumplir los requisitos legales vigentes.

Un restaurante tradicional necesita de diversos grados de innovación en diferentes parcelas para resultar atractivo y sostenible. La innovación es por tanto una clave fundamental del éxito.

Si bien, el nuevo paradigma del desarrollo científico y tecnológico es el desarrollo conjunto desde el principio por investigadores y empresa para los proyectos, no puedo imaginarme un buen restaurante sin que menús, preparaciones y atención al cliente no cambien continuamente ni se conciban sin la colaboración del chef, los propietarios, los camareros y del cliente mismo.

Por último, un restaurante de barrio puede y tiene que internacionalizarse. No necesariamente a través de franquicias en el extranjero, pero sí a través de publicidad en internet, por ejemplo. Es sorprendente el número de turistas que acuden al restaurante de mis amigos compitiendo incluso con los servicios de los hoteles donde se alojan.

Por cierto, a pesar del desánimo que he mencionado, a mis amigos en pocos meses les va muy bien. El que quiera saber dónde se come estupendamente en Madrid, que me lo consulte.

A lo peor, erré el tiro y en lugar de considerar en mi disertación base tecnológica, innovación, desarrollo conjunto e internacionalización como claves concretas del éxito de los emprendimientos, quizás tenía que haber hecho mayor hincapié en aspectos generales como son voluntad, trabajo, esfuerzo y perseverancia.

 

Sa, 28 Septiembre 2013 16:15
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¿Por qué invertir en el Espacio? 
…en España y precisamente ahora

En 1970 Ernst Stuhlinger, Director Asociado de Ciencia en el centro Marshall de vuelos espaciales de la NASA, recibió una carta de una monja misionera en Zambia llamada Mary Jucunda, reprochándole que propusiera invertir miles de millones de dólares en desarrollar un vuelo tripulado a Marte cuando tantos millones de niños seguían muriendo de hambre en el mundo.

Ernst, desde su pasión por su trabajo y con un gran respeto hacia la labor de la misionera, le respondió con una larga carta que, años después publicó la NASA con el título de: “¿Por qué explorar el Espacio?”. Una traducción se puede leer en: http://naukas.com/2012/08/08/por-que-explorar-el-espacio-carta-traducida-de-la-original-de-ernst-stuhlinger/
 
Hace ahora casi un año, Luis Vázquez, otro apasionado del Espacio en este Foro, me hizo llegar esa carta a raíz de algunos comentarios leídos en un periódico digital en el que algunas personas se preguntaban – con motivo de la llegada del Curiosity a Marte y la publicación de la participación española en él – cómo era posible, con la crisis que hay, que nuestros gobernantes gastasen dinero en “eso”.

Foto NASA (18/12/2012) mostrando la antena sobre el Curiosity

Sin aspirar a mostrar la contundencia y claridad de Stuhlinger,  pero al menos con la misma pasión por el trabajo en la investigación y desarrollo espacial que él mostró - a los que he dedicado los 36 años últimos de mi vida desde que acabé mi carrera de Ingeniería Aeronáutica en Julio de 1976 –, me he preguntado a mí mismo: ¿Por qué hay que invertir en el Espacio? Y ¿por qué lo tiene que hacer nuestro país y precisamente ahora?

No voy a repetir, aunque podría, argumentos utilizados durante estos últimos años y especialmente en estos últimos meses, cuando hemos visto como España, comenzaba a frenar su esfuerzo inversor en la ESA (nuestra NASA europea): esos argumentos hablan de cómo se recupera multiplicado hasta por 60 lo que se invierte en Espacio, de su consideración de sector estratégico en todos los países de nuestro entorno, de cómo puede retrocederse muy rápidamente y luego cuesta mucho más volver, de los puestos de trabajo altamente cualificados que se pueden perder…

Muchos de esos argumentos casi pueden ser utilizados igualmente para demostrar que hay que invertir en I+D+I, como la historia del conde alemán que, además de ayudar a sus campesinos a combatir la peste, decidió proteger a aquel “loco” que hacía experimentos con lentes para ver lo muy pequeño y estaba inventando el microscopio que, al  cabo de los siglos, fue vital para erradicar la peste, como le decía Ernst a la monja misionera.

Yo quiero hablar, desde mi más cercana experiencia personal, de la tecnología que, gracias a que España se apuntó al  carro del Espacio en Europa desde el principio y se ha mantenido en él con un papel claramente creciente en los últimos años, nos ha permitido ir subiendo escalones y devolver, en forma de riqueza para muchos más, lo que se invertía en lo nuestro.

Y también quiero hablar de cómo los que trabajamos en el Espacio – desde las empresas pero también en las universidades, centros de I+D e incluso la propia Administración – llevamos el gusanillo dentro que nos hace disfrutar con lo que hacemos y que nos hace sentirnos orgullosos de hacerlo precisamente aquí, en nuestro país:  cuántas veces no habré oído a españoles que se dedican a otras cosas decir: no tenía ni idea de lo mucho que hacíamos en Espacio cuando visitan mi empresa o les explico lo que estamos desarrollando.

Todos los que trabajamos en el Espacio en España creo que somos muy conscientes de que nuestra sociedad, a través de los sucesivos gobiernos, ha confiado en nosotros y nuestra capacidad de desarrollar y competir en ese mercado de alta tecnología en el que todos los países quieren estar. Y hemos tratado de estar a la altura de esa confianza, aunque quizás no le hemos explicado suficientemente a esa sociedad qué estábamos haciendo y qué beneficios se iban obteniendo.

No sé si quienes leen esto saben que, entre otras muchas cosas:
 
  • El primer elemento desarrollado utilizando la fibra de carbono – ese material con el que ahora se hacen hasta raquetas de tenis o palos de golf - en España fue el panel solar de un satélite europeo hace 33 años. Gracias a esa chispa inicial la industria aeroespacial española es hoy líder a nivel mundial en la utilización de ese material avanzado.
  • La primera pala eólica – como esas que llenan los campos de España formando parte de los aerogeneradores, esos modernos molinos de viento - hecha también en fibra de carbono o los heliostatos (espejos que se orientan hacia el Sol y concentran la luz solar en una torre central) de la central solar de Almería, se hicieron en la División Espacio de Construcciones Aeronáuticas hace casi 30 años.
  • La estructura de la mayoría de los satélites dedicados a investigación científica de la ESA de las dos últimas décadas son también “made in Spain”.
  • Los sistemas mecánicos más sofisticados de la última etapa (la que pone en órbita a los satélites) de los lanzadores europeos Ariane y Vega también los desarrollamos en España.
  • Una buena parte de las antenas de los satélites de comunicaciones que se construyen en Europa son españolas. Gracias a ellas podemos ver la televisión, hablar por el teléfono móvil o estar casi permanentemente conectados a Internet. La primera antena europea orientable electrónicamente y programable desde Tierra que funciona en órbita, lo hace a bordo de un satélite español.
  • La antena de comunicaciones y la estación meteorológica a bordo del Curiosity actualmente haciendo progresar el conocimiento de la humanidad sobre el planeta rojo (¿descubrirá signos de vida pasada?) se han hecho en España. Y la NASA ha reconocido públicamente el alto nivel tecnológico de los ingenieros y científicos españoles que los han hecho.
  • Los coches BMW, Audi o Mercedes (entre otros muchos) son hoy en día más seguros porque se diseñan con un programa de ordenador desarrollado en España para diseñar estructuras del lanzador Ariane hace más de 10 años.
  • El primer satélite que está midiendo desde hace tres años la salinidad de todos los océanos – que es un dato fundamental para comprender cómo son las corrientes marinas y con ello mejorar las predicciones meteorológicas – está también hecho en España. También estamos construyendo y lanzaremos en los próximos años dos nuevos satélites españoles dedicados a observar nuestro planeta. Gracias a ellos podremos conocer mejor lo que pasa aquí abajo y aprender a explotar los recursos de forma sostenible o a prevenir las catástrofes antes de que sucedan.
  • El nuevo reactor nuclear de fusión (la forma de generar energía en el interior del Sol) llamado ITER que se está construyendo en el sur de Francia como una colaboración internacional de ámbito mundial (USA, Europa, China, Rusia, Japón, India y Corea del Sur) tendrá en su interior unos grandes anillos de fibra de vidrio construidos en España con tecnología espacial.
Esquema del reactor ITER (anillos en color granate)


Pero cada uno de los retos tecnológicos tiene detrás a unos equipos de científicos e ingenieros, técnicos, operarios y personal administrativo en empresas, departamentos universitarios, centros de investigación y departamentos de las distintas administraciones públicas, que los vivimos como retos personales y de país. Sin la formación adecuada y el entusiasmo continuado de todos ellos, es imposible llegar a donde nadie lo ha hecho, enfrentarse a condiciones externas inimaginables en nuestro acogedor planeta Tierra o trabajar de forma eficiente con personas de cualquier lugar y cultura del mundo. Solo los grandes retos de la Ciencia y el Espacio tienen probablemente hoy en día esa dimensión tan internacional.

Otra de las características distintivas del Espacio es que científicos e ingenieros (universidad y empresa) nos necesitamos y estamos acostumbrados a ir juntos a lo largo de los programas espaciales: somos un claro ejemplo de cómo colaborar y hacer cosas unidos, también en España, doy fe de ello.

Como muestra vale un botón: mientras todos celebrábamos la entrada del año nuevo 2012, en una universidad española, un grupo de estudiantes que habían desarrollado un pequeñísimo satélite de solo 1 kilo de peso y 10 centímetros de tamaño y que iba a volar en el primer lanzamiento del nuevo cohete europeo Vega, se pasaron esa noche dando los últimos toques al software de a bordo del satélite: nadie les pidió que lo hicieran, pero ellos querían que su satélite funcionase bien para poder sentirse plenamente orgullosos de él: ese pequeño satélite sigue funcionando hoy después de más de un año dando vueltas a la Tierra. Ese mismo espíritu lo he visto también muchas veces en equipos de trabajo industriales en mi empresa y en muchas otras.

Seguramente todos esos ejemplos no son nada concluyentes. Como decía el señor Stuhlinger, no soy tan estúpido como para no ver la crisis que nos rodea y lo mal que lo está pasando tanta gente en nuestro país ahora mismo. Sin pretender que se desvíe dinero de asuntos muy básicos hacia el Espacio, yo creo firmemente que el dinero que se invierta en Espacio tendrá muchos efectos beneficiosos, algunos de ellos no cuantificables fácilmente como facilitar la presencia y colaboración internacional de España (¡qué mejor “marca España” que la que está quedando patente cada día nada menos que sobre la superficie helada de Marte!) o motivar a nuestros jóvenes a estudiar para comprender mejor qué hay más allá, cómo llegar y cómo utilizarlo en beneficio del progreso de toda la humanidad. Y otros como el ejemplo del microscopio y el conde alemán no somos capaces de imaginarlos aún.

Espero aportar mi grano de arena, desde otro punto de vista, a tantas voces que en estos días tratan de explicar por qué es tan importante que España siga haciendo el esfuerzo de invertir en esta apasionante aventura que es explorar el Espacio.

Vicente Gómez Molinero
Sa, 15 Junio 2013 22:08
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